Luego de descargar tensiones en el post anterior, y ante la imposibilidad de llevar la discusión en los términos que conozco, o mejor dicho, que intento conocer, es decir, el racionalismo, paso a compartir una reflexión.
Toda conciencia que se jacte de tal, admite en si misma una condición necesaria para su existencia: el tiempo. No suficiente, pero necesaria.
La uniformidad del tiempo puede considerarse un enunciado trivial. De hecho, en términos de la Crítica de la Razón Pura, estaríamos hablando de un juicio analítico a priori (una intuición a priori), dado que no es una observación que se desprenda de la realidad. Todo lo contrario, en la definición del tiempo incluimos la uniformidad, por tanto en el enunciado "El tiempo es Uniforme" el predicado de la proposición es parte del sujeto. Estamos ante una trivialidad de tipo circular.
Quizás el tiempo sea uniforme sólo por no opacar a los hechos de la realidad ¡Mala plaza sentarían "los hechos" de "fenómenos", si no pudieran competir con la "heterogeneidad" del tiempo!
La civilización ha llegado a cierto consenso sobre cómo medir el tiempo, por lo tanto, no tiene sentido proponer un plan de pago en cuotas mensuales, en el que los meses "pasen rápido".
Si bien la idea de Eric Hobsbawm de un siglo XVIII largo, de otro siglo XIX largo y de un siglo XX corto no atenta contra el enunciado anterior, nos abre la cabeza en muchos sentidos. Por lo menos, en mi caso, las pocas veces que entendí a Hobsbawm, pude experimentar eso que otros llaman "el gozo intelectual".
El mentado genio marxista nos ilustra con un siglo veinte que comienza con el inicio de la primer guerra mundial, la caída de varios imperios (potenciales o en proceso de convertirse en imperios), y que finaliza con la caída de la URSS. Bajo este imperativo, el último día del siglo XX fue el 25/12/1991. Seguramente yo me lo perdí, dado que estaba ocupado con mis hormonas (13 años) y con mis regalos de Navidad.
Hobsbawm ha escrito mucho sobre el siglo XXI, de hecho he disfrutado de un texto en el que pone como hipótesis la no-necesidad del estado nación para el desarrollo del conflicto del siglo XXI. Demasiado para una mente tan elemental como la mía.
Siguiendo con el hilo de la uniformidad del tiempo, sería esperable, bajo esta concepción de la historia, que el primer día del siglo XXI sea fijado el 26/12/1991... Pero me gusta pensar lo siguiente:
Hace un tiempo compartí con el Turco Tangir de "El Gato Escaldado" la inquietud sobre el verdadero comienzo del siglo XXI, y creo, desde mi humilde punto de vista que el siglo XXI comienza, esta vez en un "remoto" punto de sudamérica, el 6/12/1998, el día en el que el pueblo venezolano elige a Chavez presidente y da comienzo a una serie de cambios en toda sudamérica, que lo exceden a él mismo, a los venezolanos en tanto patria chica como parte de la patria grande, y de los que aún no somos del todo conscientes.
Ahora, volviendo con la uniformidad del tiempo ¿qué pasa con esa larga "noche" de 7 años entre el último día del siglo XX y el primer día del siglo XXI?
Con esta última pregunta me gusta suspender la credulidad y pensar que no sólo fue la noche en la que el caudillo despertó de un sueño en el que era un militar golpista, que viajaba por todo el continente entrevistándose con personajes que iban desde militares carapintadas a cuadros del ERP, y que termina adoptando al socialismo como ideología por no bajarse del caballo. Sino que es la noche en la que el pueblo crea sus héroes, toma un militar con las tan mentadas características, lo hace percibir la realidad, ver a futuro un proyecto, convertirlo en un extraordinario improvisador*, en un cultísimo orador y acercarlo a la experiencia más justa de América hasta el momento, la cubana.
¿Son los héroes que escriben la historia? ¿O se trata de una trivialidad circular? Es decir que en el mismo concepto del héroe está el pueblo, es decir, que del pueblo va a surgir un héroe que escriba la historia y que es intrínseco a la dialéctica de la misma.
*Comentario al margen: el sentido común de la clase media, es decir, el de la clase dominante suele tratar peyorativamente a los improvisadores. En tanto secretario general autodenominado del gremio de los improvisadores (lo hago como puedo en el piano) intento desde mi posición refutar tan vil argumento. En la música, contrariamente a lo que se cree, hay que estudiar muchísimo para poder improvisar, no se trata de tocar lo que venga. Sólo unos pocos elegidos pueden hacer eso (es decir, tocar lo primero que les venga a la mente y que sea una genialidad). Los mismo giles que compran el discurso dominante suelen ser los que creen que pueden ser uno de esos genios, son los mismos que no quieren que les cobren impuestos a los ricos, dado que en la timba de la vida, ellos pueden ser los ricos del año que viene, y para ir allanando el camino, conviene pensar así...
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